LA OPINIÓN DEL LECTOR

Artículos de Youssef Akmir.

Marruecos previo a 1912

Problematica colonial.

 

Con permiso de amigos y lectores, aquí están los correos que me han enviado y he recuperado sobre El pintor y la viajera.

Tere Recarens

9 de junio de 2011

Pati!
que me ha encantado tu libro!
al principio lo leía despacio (como todo lo que hago ahora)
pero hay un momento de un calor impresionante. Tiene algo muy especial: el salto del tiempo, creo. Yo también estoy enamorada de Turquía. El año pasado hice un proyecto en el Kurdistán turco.

Xavier Moret

6 de junio de 2011

Querida Patricia,

Antes de volar para Ruanda, te escribo para decirte que me he leído de un tirón tu “El pintor y la viajera”. He disfrutado asistiendo al encuentro “imposible” entre Lady Montagu e Ingres, al intercambio entre el Oriente imaginado y el Oriente viajado.

Enhorabuena por la novela, Patricia. Te llamo a la vuelta y hablamos más a fondo, pero repito: ha sido un placer comprobar que las muchas horas que has dedicado al libro han dado un resultado formidable.

Besos y hasta pronto,

Xavier

Agustin Mainar

6 de junio de 2011

Carissima Pati,

He terminado tu preciosa fabulación este domingo. La veo muy llena de color, incluso cuando describes los cielos grises de Paris  -creo que Ingres te ha influido- y a la vez intimista. Y, como hacia Tomas Mann antes de empezar sus novelas, has estudiado a fondo los detalles de la narrativa: el proceso de la creación pictórica, los entresijos de la sociedad otomana y parte de la parisina, etc. En definitiva, que parece que los dos personajes hubieran tenido una interacción real en un tiempo real-irreal. Así que enhorabuena! Sigue.

Y  un abrazo,

Agustín

Cristina Morató

30 de mayo de 2011

Hola Patricia quería llamarte por teléfono pero ando con la voz un poco tocada y casi afónica (he tenido firmas este fin de semana en la feria del Libro en Madrid y no he parado de hablar) así que te comento, me leí tu libro de un tirón, apenas tres noches, así que decirte que la historia desde el principio me enganchó, has hecho algo muy difícil unir a dos seres excepcionales a través de la máquina del tiempo de  tu imaginación y el resultado es muy atractivo, es verdad que yo no puedo ser imparcial porque tengo debilidad por lady Mary Montagu (quizás la misma debilidad que tú desde que la descubriste..) y quizás lo único – por decirte algo – que me ha roto un poco el hilo conductor, ha sido el capítulo dedicado a Delacroix, es verdad que te sumerges tanto en la relación y los diálogos entre el pintor y la viajera que la entrada en escena de este personaje, me ha despistado un poco, al menos a mí me ha ocurrido, ( mientras leía el capítulo El rival…quería saltarme las páginas y volver a ellos…)  pero por lo demás te felicito, sabes que me tienes a tu disposición y que seguiré con interés tus libros que consigan atraparme desde la primera página.  Besooos

Alba Vendrell Torres

1 de junio 2011

Me acabo de leer una libro que, realmente, me ha encantado!

“El Pintor y la Viajera” de Patricia Almarcegui

Un encuentro ficticio, dado que no son coetáneos, entre dos personajes históricos reales, Lady Montagu y el pintor Ingres, que te traslada a otra época, a pleno siglo XIX, gracias a sus descripciones y detalladas explicaciones. Pero, sobre todo, un viaje a una dimensión que jamás he encontrado en otro libro, imaginaria pero real en nuestro pensamiento, repleta de influencias orientales, aromas y sensaciones.

Dicho encuentro entre ambos personajes te adentra hacia un mundo de ideas y reflexiones muy interesantes que, no sólo devuelven el interés ya perdido por la pintura a causa de la falta de sentido de la vida en el caso de Ingres, sino que también introduce al lector en todas ellas, haciéndolo reflexionar sobre distintos aspectos, tanto de la vida como de nuestro yo más profundo.

Una novela que va mucho más allá de ser un libro de viajes (en ella se nos describe con todo lujo de detalle lugares tan emblemáticos como París y el Louvre, Venecia o Estambul) o novela histórica (individuos tan reconocidos como Delécluze, Baudelaire o Delacroix, entre muchas otras referencias históricas, participan activamente como un personaje más de la trama).

Sin embardo, cabe destacar que no se trata de una deformación de la historia o de una realidad superficial como muchos podrían pensar, sino que la autora se ha basado en cada una de las obras del pintor y textos de la autora para poder crear su propio encuentro ficticio y relación mágica entre ambos.

En definitiva… ¡una novela realmente recomendable!

María Rubio

9 de junio 2011

Acabo de terminar tu libro: intenso, revelador, sugerente. Todo muy lleno de ti.

El libro me gustó muchísimo. Fue un lujo su lectura.

Eulalia Valldosera

22 de junio 2011

Curioso! Llevo una hora pensando en tu novela, preguntándome por tu intención, en qué hay detrás de hablar de un genio modulado por las idas y venidas de una mujer… Vaya, que me quedé con las ganas de hablar de ello en tu presentación, y la verdad que me pregunto por qué me costó arrancar y no llegué a decir nada. Quizás sea la cercanía. O porque aún no la he terminado! Tenía que pensar antes de proseguir…
Besos

Isolda Mora

26 julio de 2011

Querida Patricia,
Esta tarde la he dedicado a leer tu libro, me ha dado mucha pena terminarlo, me hubiera pasado más horas disfrutando de las interesantes conversaciones entre ambos. Me ha gustado mucho tu forma enciclopédica de escribirlo. Sin moverme de casa has conseguido que me transportara a Oriente sintiendo sus olores y sus colores, también me he sentido inmersa en el último gran París que existió.
Para un mayor entendimiento de Ingres, me he bajado de internet todos los cuadros que citas y, de esta manera, he adquirido una mayor comprensión de la personalidad del pintor.
Con su lectura te conozco ahora mucho más, creo que hay mucho de ti en él y que has volcado muchos recuerdos personales de tu infancia y de tu forma de ser en general. Me gustará hablar de ello cuando nos veamos.
Que real eres cuando hablas del amor y que bien describes los distintos estados anímicos de la viajera y del pintor que, al ser tan distintos, se complementan a la perfección.
Has unido los personajes de una forma magistral haciendo que ambos se conviertan en uno.
Te felicito de corazón. Eres grande amiga mía. Un beso

Amalia Morales

29 julio de 2011

Gracias Patricia! Por cierto, he soñado contigo hoy, las cosas de la mente… Y terminé tu libro hace tiempo. Es muy bello. Muy denso, la prosa preciosa, muy un montón de cosas que tú ya sabes. No me ha dejado indiferente. Es como un arrebato… entre otras cosas. Felicidades. Y buen verano!

Mari Ángels Roque

1 septiembre de 2011

Que mala suerte. Me gustaría verte para hablar de tu libro que tiene un
punto de enigmático, algo como las mil y una noches. Entre antiguo y muy
personal. También de tu colaboración en Q.M.
Un abrazo,
Maria-Àngels

Francisco Jarauta

23 octubre 2011

Querida Pati,

ayer regresé de México, han sido dos semanas bellas e intensas.

me acompañó tu libro que he leído con admiración Aquella lejana conversación, cargada de tantas fascinaciones, es ya una realidad no menos maravillosa y

fascinante. Aciertas con un historia inventada a recrear un ambiente que desde una libertad fantástica construye un escenario que seguro ha fascinado a  tus

lectores, entre los me encuentro.

Abrazos

Francisco

Jordi Vaqué

20  noviembre 2011

Hola Patricia,

Ante todo discúlpame por no haberte escrito antes. No es –y quiero dejar claro este punto- por no haber leído tu libro hasta ahora. Es porque casualmente tu libro encajó con otra novela que empecé a leer en el mismo período de tiempo, y encontré similitudes conceptuales que de alguna forma me animaron a leer ambas en paralelo, porque se complementaban y enriquecían mutuamente. Terminé “El pintor y la viajera” en julio, y esta semana terminé la otra. Era El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, nada menos.

Dicho esto, puedo decirte que tu libro me gustó. Y que me gustó bastante, porque creí entender el sentido de escribir una novela de ficción basada en elementos de la realidad -tomando el pasado como un objeto maleable y complementario. Y es que la historia es como las pinturas que aparecen descritas en ella, obras de arte basadas en elementos reales, existentes, pero cuyo autor deconstruye minuciosamente para ofrecer una perspectiva que, sin dejar de ser realista, se mueve en el terreno de la fantasía. Tengo la sensación de que el tempo y estructura de la obra complementan esta idea. Para mí los capítulos son, uno a uno, pequeñas escenas, lienzos que configuran una historia abierta, a menudo reinterpretable. La forma en la que describes el entorno de cada uno de ellos me sugiere lugares estancos con clarooscuros, tonos y olores muy concretos, y un predominio de unos personajes por encima de otros. Exactamente igual que un cuadro.

Hay algo muy, muy teatral en el tono de tu novela. Es quizás el énfasis en los trazos de la personalidad de sus protagonistas, o el modo en que las conversaciones redundan en su temperamento lo que me transmite esa sensación. Son personajes con convicciones, para quienes la duda deviene un compañero habitual pero de la que son fieros enemigos -perecen haberse jurado ser fieles a sí mismos para el resto de sus días. Y creí poder oír esas conversaciones mientras las leía, como un diálogo en voz alta.

Wilde plantea la pintura como una dimensión paralela (un espejo deformado) a partir del cual su protagonista comprende su propia naturaleza. La pintura es su expiación, pero no de emociones -como el cuadro de los baños en Estambul en El pintor y la viajera– sino de acciones. La paradoja en Dorian Gray es que el cuadro cambia, pero la realidad permanece intacta; es el objeto del cuadro lo que genera un conflicto emocional. Tu obra habla de la capacidad de plasmar dentro de un cuadro una mezcla de ficción y realidad, implementando y reconfigurando su lenguaje. Y así el cuadro se convierte en un vehículo -sin voluntad propia- para las emociones humanas. Puedo decirte que poder leer ambos libros en paralelo fue una experiencia que me hizo sentir privilegiado como lector porque logré comprender dos perspectivas muy diferenciadas del arte, y percibir la obra de arte como un objeto casi fetichista. En unos casos es capaz de construir realidades inexistentes basadas en emociones y en otros de destruir o evidenciar lo más terrible de la humanidad. La realidad y la ficción bajo un código interpretable. Eso es lo que me ha sugerido El pintor y la viajera.

Además, y en un tono más personal, como ya debes imaginar el elemento de los viajes -con Estambul (y el Oriente) en cabeza- me resulta muy, muy querido. Y me fascina la idea de un personaje que desafía el precepto social del sedentarismo y las convenciones burguesas, una auténtica heroína para sí misma. Quizás es que, en el fondo, yo quiero ser así.

Un abrazo y gracias por compartir tu literatura con nosotros.

¿Cómo has tardado tanto, maestra?

Gemma Rodríguez

27 de noviembe

Hola Pati:

En primer lugar disculpa la tardanza, pero como lo prometido es deuda, aquí estoy.

Compré tu libro a los dos días de vernos. Comencé a leerlo con calma y enseguida me enganchó.

Me ha gustado mucho, ¡que lo sepas!.

Me ha parecido mágico y de gran maestría por tu parte saber unir a través de tus personajes dos épocas distintas, aportando tanta información de ambas, a veces de manera indirecta y otras veces de forma muy concreta.

Consigues en tu novela que el lector quiera saber mas de la relación entre los personajes; lo conviertes en una alcahueta que sin darse cuenta, cotillea navegando entre referencias históricas, artísticas y sociales de otra época.  Éste es un libro para todo tipo de lector…supongo que como todos los buenos libros.

No creo que sea la única persona que tras leer tu libro decide impulsivamente buscar en internet información sobre Jean Auguste Dominique Ingres y lady Mary Wortley Montagu. El interés que suscita tu novela traspasa su propia lectura.

A partir de ahora me tienes como una fiel lectora de tus próxima novelas que deseo sean un éxito.

No quiero despedirme sin decirte que me ha resultado inquietante y atractivo durante la lectura de tu libro, saber que esas letras eran de alguien a quien conozco personalmente, no en profundidad ni en el día a día, pero si desde temprana edad, lo que creo que me da cierta perspectiva de tu evolución. Ha sido para mi como conocerte un poco mas. No se si compartirás conmigo esa sensación cuando lees novelas de algunos colegas tuyos.

Te mando muchos besos y me alegro de tus éxitos.

Un saludo,
Gemma Rodríguez

Jordi Tomás

29 diciembre 2011

Apreciada PATRICIA:

Un comentario que surge de inmediato es la sensibilidad que se respira a lo largo de todas sus páginas. No creo que sea posible conocerte íntimamente sin haberlas leído. No hay que ser muy listo para percibirte en ellas.

Felicitarte sin reservas por los deliciosos anacronismos (me refiero a los personajes que ni siquiera coincidieron en el tiempo), comenzando por el del planteamiento inicial.

Buena parte de la novela la leí escuchando la ópera citada de Gluck; cuestión de ambientarse, ¿no?. Al tiempo solía tener a punto el ordenador para ir consultando quiénes fueron los personajes que van interviniendo en el relato:  Delécluze, pero también Nerval o Gautier.

Y por supuesto, viendo en mi humilde pantalla los cuadros citados, fuesen del propio Ingres o de Delacroix, así como los del fantástico (en todas sus acepciones) paseo por el Louvre. Y como magnífico colofón “El baño turco”.

Puede asegurarse que, en mi caso, se cumplió la máxima de instruir deleitando. Gracias.

Saludos cordiales ¡y hasta la próxima!

Jordi Tomás

Jordi Montaner Maragall

2 febrero 2012

Hola Patricia,
Feliz año. Dando cumplimiento a tu petición, he leído con detenimiento
tu novela y me ha gustado mucho. Escribes con el mismo arte con que
otros pintan o componen música; no es ningún cumplido, sino una
constatación. Escribir así poca gente escribe; supone evocar de un
modo concertante y concertado sensaciones tan hondas como la belleza,
la soledad, el deseo, los recuedos de infancia, el miedo o la
trascendencia. En un registro más superficial, más fácil, evocas
también costumbres de época, ideas sobre el arte (la pintura) y, de
forma tal vez demasiado sucinta, la tradición oriental.
¿Se podría haber escrito una historia así de otro modo? Seguro que sí,
aunque no venga al caso. Yo, pidiéndote disculpas por el atrevimiento,
hubiera escrito de forma más desatada, anteponiendo el peso del
mefistofélico deseo al valor siempre inocente de la belleza. Orfeo y
Eurídice macarían para mi la pauta. Orfeo pintor, Eurídice viajera.
Acuñaría más misterio (menos información) y exploraría sin complejos
los efervescentes subconscientes de él y de ella, más que sus estados
de ánimo. Creo que tienes a dos personajes poéticamente muy potentes
sobre la mesa. Me ha sorprendido, eso sí, que otorgaras a Ingres un
mayor protagonismo; yo me siento tan o más fascinado por la viajera
que él, y pido más a este personaje (Lady Montagu) tan contradictorio
como arrebatador. De inmediato me he puesto a mirar los cuadros de
odaliscas de Ingres tratando en vano de poner cara, luz y piel al
personaje de Montagu. El retrato de la portada del libro no le hace
justicia en absoluto… Te hago una confesión: para que el personaje
funcionara en mi imaginario particular, le he puesto tu cara y tus
gestos, y funcionaba mucho mejor.  Para mi, Lady Montagu, la viajera,
eres tú; por más que en la novela la exhibas con gran recato…
Enhorabuena, pues.
Acéptame, autora, en tu lista de adeptos literarios.
Reitero también mis gracias por la información relativa a nuestro Ali
Bey particular.
Un abrazo,
Jordi Montaner Maragall

Santiago Petschen

4 de abril 2012

Hola Patricia: Me leí tu novela El Pintor y la Viajera de un tirón. Cada vez me fue gustando más. Tu estilo, tan femenino, tan cuidado, describiendo el sentir de la viajera que acaba no sólo por convencer sino también por regenerar a Ingres, se hace muy atractivo. Hay páginas deliciosas. David, Rafael, Giotto. La música. Las mujeres en el baño turco. Puedes estar muy orgullosa de la novela que has escrito. Sin duda que irá ganando al público que la irá leyendo. Enhorabuena. Santiago Petschen.

Roger Falgàs

5 de junio 2012

Hola Patricia,
Me gustó el libro, tenía unos diálogos que me enganchaban y me gustó la relación que mantenian los dos protagonistas. Te describo las notas que escribí: a Ingrés lo veo como un niño caprichoso e inseguro y con una fuerte necesidad de aprobación por parte de terceras personas de su obra. Esto contraresta con la serenidad y madurez de la viajera. La viajera se ve fascinada tanto por las virtudes del pintor como por sus defectos (sus rabietas y su gran orgullo).
Me gustaba la fuerte personalidad de los protagonistas, esa relación entre personas de una generación y un mundo distinto. Durante la lectura he fantaseado con una 2ª parte en la que los dos se juntan para hacer un viaje a Oriente y de esta manera que él realize su última gran obra.

Roger Falgàs
ITACADVENTURE

Luis Carceller Alcón

15 de julio 2012

Querida Patricia:

Han sido muchos, quizá demasiados, los libros que después de unas cuantas páginas se han parado para mí definitivamente. Quiero decir que esos primeros momentos, esos primeros pasos de lectura pueden  ser decisivos en un sentido u otro: me engancha y continúo la lectura hasta el final o los lanzo. Con “El pintor y la viajera” me he encontrado en esa disyuntiva. Me resultó problemático el primer capítulo. La lectura patinaba y no conseguía avanzar, pero no abandoné, simplemente lo dejé en la mesita de noche durante unos días. Quizá me identificaba en exceso  con el pintor, con su falta de deseo o simplemente no fuera el mejor momento para su lectura. Pero llegué a la Venecia de la viajera -bella combinación- y la predisposición a la lectura se aceleró. Algo me había transmitido la protagonista y su mundo.

De pronto ya tenía las referencias de los personajes, realidades y ensoñaciones, momentos dubitativos de uno, la plenitud del otro. ¿Quién me arrastraría? Definitivamente me dejaba llevar por el viaje que propones.

El encuentro del pintor y la viajera era inevitable, esencial, por ello cómo plantearlo y desarrollarlo de forma adecuada podía marcar el si-no del devenir de la obra. Acertaste. París-ópera-Orfeo. Es un encuentro de creadores, el pintor, la viajera -así debe considerarse- tu misma, Gluck y su Orfeo. Un encuentro donde lo operístico y el ballet se dan la mano para mayor gloria del encuentro.    El pintor seguía mostrándose ágil a pesar de su voluminosa figura y parecía rozar suavemente con los pies los peldaños mientras ascendía… Es puro ballet. El pintor entregó a su amigo la copa que le había ofrecido hacía un momento y se dirigió hacia el centro de la sala. Fue rompiendo el círculo que se había formado y consiguió situarse frente a ella. Los que la rodeaban no se volvieron hacia él, tan absortos estaban en las palabras de la mujer, sino que simplemente se apartaron al notar que alguien los empujaba. Y comienza el dúo del primer acto:

-Y dígame -continuó ella-, ¿cómo habría puesto en escena el momento cumbre de la ópera? Me refiero al momento en que Orfeo, impaciente, mira a Eurídice.[…] El pintor estaba sorprendido por la pregunta que le acababa de formular. La representación parecía haberle sugerido lo mismo que a él: LA POSIBILIDAD DE SOÑAR DE OTRA FORMA EL MITO. Si lo resalto con mayúsculas es por la importancia que considero que tiene el momento y en concreto lo que trasmite la frase. Toda la obra girará en torno a esta posibilidad de soñar de otra manera el mito, que es la propuesta que la viajera propondrá al pintor. Y siguieron deslizándose por la sala con amplios movimientos. Una buena parte de los invitados los contemplaban,…

Es pura ópera. Excelente tu escenografía, Patricia. Se nota además que te encuentras cómoda, en tu salsa.

Nada será ya igual después de este flamígero encuentro. El pintor se va al campo, pero

Su humor fue cambiando. Era una delicia ver cómo desaparecían las casas de la ciudad y comenzaban a abrirse los verdes del campo y organiza una excursión, esto es, un viaje.

En conversación sobre el amor el pintor se sincera, se desnuda ante la viajera y continúa su transformación.

Contemplaba sentado en una pequeña roca, casi a su lado. [¿Shubert?, posiblemente. Yo lo doy por hecho y escucho a Elly Ameling en su maravillosa interpretación de “Der Hirt auf dem Felsen”]. Miraba aquel cuerpo y se fijaba por primera vez en sus contornos. […] y se dio cuenta de que sentía deseo.

El pintor parece desconocido, le han inyectado una buena dosis de vitalidad y hasta hace las paces con Delacroix. Se encuentran, se sinceran, se rehace la vieja amistad. Bien distinta será la relación con la viajera, llevada por caminos preñados de encuentros de dos vitalidades cautivadoras, seductoras.

Visitan el Louvre, pero no será el refugio donde el pintor se encuentre a sus anchas, no tendrá la comodidad  de estar en casa; más bien todo lo contrario será el ring donde la viajera más ataque, mejor se desenvuelva y el pintor se lleve algunos reveses.

¿No le gustaría que la retratase?

-Odio posar. Permanecer quieta y quedar fijada para siempre. ¡Ah, no, amigo, que me lean!

Será el primero de una serie de rechazos, de contratiempos que el pintor se verá obligado a afrontar con resignación. La viajera es dura de pelar. Él lo sabe, pero forma parte de su atractivo.

Explora nuevos caminos, aunque todo puro arriesgo, con pocas posibilidades reales de éxito.

-Véngase a vivir conmigo al campo.

La viajera se puso en pie, atónita, y fue a buscar su chal […] y la dejó partir.

La necesita, ha despertado en él todos los instintos dormidos, mortecinos que creía haber perdido para siempre y la busca casi desesperadamente.

El pintor intentó varias veces volver a ver la viajera, pero sin éxito. No contestaba a sus mensajes ni parecía mostrarse en los círculos culturales y sociales de la ciudad […] Necesitaba estar más tiempo en el campo para pensar en su nueva actitud frente al trabajo: una incipiente necesidad de pintar.

 Una vez más la viajera toma la iniciativa, se presenta de improviso y con toda rudeza le espeta:

-Usted no sabe nada de Oriente y menos aún de cómo son las mujeres de allí, que sirve para un hermoso enfrentamiento dialéctico.

-Las damas turcas son, quizá, más libres que ninguna otra dama del universo y las únicas mujeres del mundo que llevan una vida de ininterrumpido placer.

Quizá el pintor no sea consciente de los dardos que le lanza sobre su pintura, mejor aún, sobre la falta de autenticidad de su obra. La viajera encuentra el momento y le da la puntilla, al mismo tiempo que el definitivo incentivo.

Le voy a contar uno de mis grandes secretos: mi visita a un baño turco.

Si cada acción de la viajera es un puyazo que activa al pintor, este relato le llevará a un camino sin retorno, a la CREACIÓN.

-Es usted consciente de lo que acaba de contarme? ¿De la carga de ensoñación de su relato?

El nuevo intento de atraer a la viajera, de hacerla suya es, no podía ser de otra manera, un fracaso, una derrota.

-Túmbese en el sofá –insistió-, por favor, y desnúdese. Quiero contemplarla

-Déjelo –dijo ella con firmeza-. Es mejor así.

El pintor no tiene más remedio que retroceder ante su ensoñación, aunque no de su deseo. Y ella, que describe la voluptuosidad de las mujeres de Oriente, del baño turco, es fría como un témpano ante el deseo del pintor. No obstante reconocerá, Usted es maravilloso: toda una experiencia. Todo un viaje, pero nada más. La fuerza que emana, que irradia la viajera activa la creación; el deseo hacia ella deberá orientarse hacia los pinceles, no hacia su cuerpo. Así, solo así se puede llegar a No podía creérselo. Era su relato. Allí estaba su relato de Oriente, no faltaba ninguna palabra. Continuó la contemplación, casi religiosa. Jamás había visto algo así….

Consciente o inconscientemente la actitud de la viejera se ha convertido en un acto de amor. Pues viva el amor, el viaje, la pintura,…y la escritura y su hermana la lectura. Gracias, Patricia.

Luis

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